Nos expolian, así como suena, no me refiero a ese expolio que durante un siglo circuló en forma de oro negro hacia Cataluña, País Vasco, al Madrid de la esperanza cuando papa era director administrativo de la modelo empresa, al cargue de Rande para surcar los mares y calentar motores de aquellas naos, o al patético cielo abierto que tanto oxigeno dio a uno y quitó a otros No. El expolio que ahora nos ocupa tiene algunos años menos. Fue centro de docencia, plaza del magisterio, Promesa electoral en dos campañas, 12 años engaños, divertimento de niños, alojamiento de vagabundos, refugio de las concentraciones moteras, de feriantes, de atracciones de fiesta, retrete de indecentes aparcamiento de autos y cuando barruntan que el abandono lo llevó a unas peligrosas ruinas, cuyo estado hace imposible la recuperación. Uno de los que prometió el oro y el moro, ahora sentado en la cúpula de Paradores, pide licencia para su derribo. Serpenteos del engaño. Regalamos el suelo, perdemos el vuelo y nos quitaron espacio.
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La prudencia es buena idea